"El sueño de Eva" una historia de amor diferente
Aquí empiezo a publicar mi primera novela por partes. ¿Sabési? estaba cansado de la típica historia de amor en plan "Romeo y Julieta", de modo que decidí escribir historias de amor, amor homosexual. Por que el amor es amor, te enamores de quien sea. Aprovecho para dirigirme a "su santidad" Juan Pablo II. Los homosexuales no son seres demoniacos!!!
-Papi, no me puedo dormir-
-Eva ¿Has probado contando ovejitas, cariño?-
-Buena idea. ¡Gracias papi! buenas noches ¡Te quiero!-
Eso era lo que me decía mi padre dándome un beso la frente, cuando por las noches, no quería dormirme. Así lo hacía siempre que no podía o no quería conciliar el sueño: llamaba a mi padre para que me hiciese la misma sugerencia. Y un día, contando ovejitas me dormí, y a la mañana siguiente desperté, notando algo raro en mi.
Era un cambio que empecé a notar, aunque mejor dicho, fueron varios, que se fueron sucediendo día tras día y noche tras noche. No era la misma Eva de siempre, me notaba extraña. Pero quizás lo que más impactante, pudo resultarle a mi familia, fue el día en que la niña que era yo, se convirtió en una mujer.
Todo comenzó una tarde de agosto, me estaba duchando intentando aplacar el calor que hacía, y vi como empezó a salirme un fluido extraño de mis partes íntimas, parecía sangre. Al principio sentí inseguridad, y me atrevería a decir que algo de miedo. Pero otra parte, ya me lo esperaba, era esa cosa de la que me habló mi madre justo hacía un mes antes de que me pasase esto, me dijo que a todas las mujeres, cuando llegamos a una edad, empezamos a tener una cosa que se llama regla, y eso es la prueba de que hemos pasado de niñas a mujeres.
A parte, ya había oído hablar de la menstruación en el colegio, cuando nos explicaron el aparato reproductor, tema que por cierto, era motivo de risas y de comentarios asquerosos para los chicos.
El hecho de que tuviera mi primera menstruación, cambió muchas cosas en mi vida. Inmediatamente después del susto, fui corriendo a contarle lo ocurrido a mi madre. Mi madre me sonrío y me acarició el pelo diciéndome:
-¡Vaya! Veo que nuestra pequeña se ha hecho una mujercita. No te preocupes, es normal llevarse un susto la primera vez que te pasa esto. Yo también me lo llevé a tu edad-
-¿Y ahora que hago?-dije titubeando
-¿Cómo que qué haces? ¿No te acuerdas lo que te dije? Ahora mismo mando a tu padre a por compresas-
Después de eso, mi madre le dijo a mi padre, que me comprara un paquete de doce compresas para que fuera tirando estos cuatro días. Mi padre bajó a la tienda con una expresión de desagrado; no sabría si decir que fue por que le daba vergüenza comprar eso, como a todo buen hombre, o simplemente por que su niña se estaba haciendo mayor.
Luego, es curioso, pero empecé a sentir odio hacia mi padre en muchas ocasiones. Él me decía cosas y yo opinaba y hacía lo contrario, y claro, eso generaba ambientes tensos entre la familia. Una vez, un chico de catorce años me pidió salir; todo perfecto, hasta que mi padre se enteró. Aquel día, me cogió por banda y me riñó duramente:
-¿Cómo es eso de que estás saliendo con un chico! ¿Pero tú de que coño vas, niñata? ¿Qué quieres, que te dejen embarazada y la liemos o qué? ¿eh?-
-¡Déjame en paz! ¿Quieres? Es mí vida y hago lo que quiera cuando yo quiera ¿Entiendes!-
-¡Harás lo que se te diga, niña! ¡Harás lo que se te diga mientras estés en esta casa!-
-¡No me da la gana!-
-Anda, tira para tu habitación antes de que te meta una hostia-
-Papá ¡Te odio! ¡Vete a la mierda, gilipollas!-
-¡Repite eso!-
-¡Ya lo has oído!-
Me metí en mi habitación llorando. Al principio lloraba de rabia, estaba muy enfadada con mi padre, mucho. Pero por un momento me paré a pensar, en lo que seguramente sentía mi padre al darle esa contestación. Doce años compartiendo: juegos, secretos, risas, complicidad. Y ahora no quería fiarle nada, lo quería y a la vez lo odiaba, debido a sus continuas prohibiciones y restricciones.
Tal vez su objetivo no fuese incordiarme, sino más bien protegerme. Aunque en aquella etapa de mi vida identificaba amor paternal y sobreprotección con restricción y prohibición.
Y a su vez, eso significaba odio e ira contra mi padre. Esos sentimientos y ambientes tensos duraron mucho tiempo.
Lo peor fue que tantos rollitos que tuve, no me sirvieron para nada, por que no sentía placer, simplemente es que no sentía nada en absoluto. Fue entonces cuando me plantee una cuestión, que volvería a dar un giro en mi vida de trescientos sesenta grados.
Empecé a hacerme esa pregunta, por primera vez, a los quince años, cuando tuve mi primera relación sexual. Estaba con un chico, un sábado por la tarde en su casa, sus padres se habían ido, así que aprovechamos la ocasión. Fue extraño, pero empecé a sentirme agredida cuando empezó a besarme, a tocarme, a penetrarme sin ningún tipo de miramiento y tratándome como si fuese inferior, cuando en realidad tenía que ser todo lo contrario. Me sentí inferior, era como si me estuviesen pegando, en vez de demostrarme amor o darme placer sencillamente.
Y justo en el momento en que el chico, parecía llegar al orgasmo, me aparté diciendo que parase. El muchacho tenía una pinta ridícula con los pantalones bajados y con una cara, que parecía ser de incomprensión.
Sentí bastante dolor en esa relación, tal vez por que fuese la primera vez, pero no llegué a sentir nada de placer, ni si quiera con los besos. Después de esa desagradable experiencia, me duché y fui a ver a Rocío, mi mejor amiga, para explicarle los hechos:
-Eso seguramente haya sido el nerviosismo de la primera vez, no te preocupes Eva-dijo abrazándome y dándome repetidos besos en la mejilla.
Con ella, en ese momento, me sentí segura y querida. Estuve comparando y contrastando situaciones, hasta que me vi forzada a contar ovejitas del sueño que tenía. Acto seguido empecé a soñar el sueño más extraño de mi vida, que también influiría en ese cambio. Era mi primer sueño erótico, pero en vez de ser con un chico, fue con una chica, más concretamente con Rocío.
Soñaba que estábamos las dos, desnudas, en un sofá. Ella empezaba a besarme por todo el cuerpo, desde las piernas, pasando por los senos hasta llegar al cuello. Me tocaba y manoseaba con suavidad y dulzura. En ese sueño me sentía la reina, sentí el placer que no sentí durante mi primera relación sexual: empezó a lamerme el cuello, la oreja, los pezones, etc. Con cada beso sentía que una parte de mi se deshacía, sentía amor, una pasión ardiente que envolvía todo mi ser . Al despertarme del sueño, quedé confusa, extrañada, insegura, como el día en que me vino por primera vez la regla. No sabía que hacer.
Entonces empecé a romperme la cabeza, pensando en todo eso ¿Qué me pasaba? ¿Por qué con todos los chicos no me había sentido tan segura, como hasta ahora con Rocío?. Necesitaba aclararme, así que tomé una decisión, divertida para algunos tal vez, pero que para mí fue determinante. Fui al quiosco y compré la revista Health and Fitness y una interviú.
Al ver a todos esos hombres musculosos, no me paso nada, bueno, quizás sentí asco.
Luego probé con mis revistas del Vale y con la cantidad de hombres guapos, o tíos buenos como decían mis amigas, no sentía nada. Lo que me pareció preocupante fue al ver la portada de la interviú, mis ojos no pudieron evitar irse hacia la imagen en primera plana.
En cuanto vi a la mujer de la portada, me dediqué a observar todo: sus senos, sus caderas, sus ojos, el color de su piel, y ya si que empecé a sentir algo. Y fue llegar a las páginas finales, en la famosa sección de esta revista llamada Cuentos desnudos y probablemente, por lo que mas vende este trabajo periodístico, y empecé a sentir una ligera sensación de calor y cosquilleo provenientes de mi entrepierna. Inmediatamente, cerré bruscamente la revista, como si de una tortura se tratase. Ojalá mi madre tuviese explicación para esto.
fin del capitulo 1
-Papi, no me puedo dormir-
-Eva ¿Has probado contando ovejitas, cariño?-
-Buena idea. ¡Gracias papi! buenas noches ¡Te quiero!-
Eso era lo que me decía mi padre dándome un beso la frente, cuando por las noches, no quería dormirme. Así lo hacía siempre que no podía o no quería conciliar el sueño: llamaba a mi padre para que me hiciese la misma sugerencia. Y un día, contando ovejitas me dormí, y a la mañana siguiente desperté, notando algo raro en mi.
Era un cambio que empecé a notar, aunque mejor dicho, fueron varios, que se fueron sucediendo día tras día y noche tras noche. No era la misma Eva de siempre, me notaba extraña. Pero quizás lo que más impactante, pudo resultarle a mi familia, fue el día en que la niña que era yo, se convirtió en una mujer.
Todo comenzó una tarde de agosto, me estaba duchando intentando aplacar el calor que hacía, y vi como empezó a salirme un fluido extraño de mis partes íntimas, parecía sangre. Al principio sentí inseguridad, y me atrevería a decir que algo de miedo. Pero otra parte, ya me lo esperaba, era esa cosa de la que me habló mi madre justo hacía un mes antes de que me pasase esto, me dijo que a todas las mujeres, cuando llegamos a una edad, empezamos a tener una cosa que se llama regla, y eso es la prueba de que hemos pasado de niñas a mujeres.
A parte, ya había oído hablar de la menstruación en el colegio, cuando nos explicaron el aparato reproductor, tema que por cierto, era motivo de risas y de comentarios asquerosos para los chicos.
El hecho de que tuviera mi primera menstruación, cambió muchas cosas en mi vida. Inmediatamente después del susto, fui corriendo a contarle lo ocurrido a mi madre. Mi madre me sonrío y me acarició el pelo diciéndome:
-¡Vaya! Veo que nuestra pequeña se ha hecho una mujercita. No te preocupes, es normal llevarse un susto la primera vez que te pasa esto. Yo también me lo llevé a tu edad-
-¿Y ahora que hago?-dije titubeando
-¿Cómo que qué haces? ¿No te acuerdas lo que te dije? Ahora mismo mando a tu padre a por compresas-
Después de eso, mi madre le dijo a mi padre, que me comprara un paquete de doce compresas para que fuera tirando estos cuatro días. Mi padre bajó a la tienda con una expresión de desagrado; no sabría si decir que fue por que le daba vergüenza comprar eso, como a todo buen hombre, o simplemente por que su niña se estaba haciendo mayor.
Luego, es curioso, pero empecé a sentir odio hacia mi padre en muchas ocasiones. Él me decía cosas y yo opinaba y hacía lo contrario, y claro, eso generaba ambientes tensos entre la familia. Una vez, un chico de catorce años me pidió salir; todo perfecto, hasta que mi padre se enteró. Aquel día, me cogió por banda y me riñó duramente:
-¿Cómo es eso de que estás saliendo con un chico! ¿Pero tú de que coño vas, niñata? ¿Qué quieres, que te dejen embarazada y la liemos o qué? ¿eh?-
-¡Déjame en paz! ¿Quieres? Es mí vida y hago lo que quiera cuando yo quiera ¿Entiendes!-
-¡Harás lo que se te diga, niña! ¡Harás lo que se te diga mientras estés en esta casa!-
-¡No me da la gana!-
-Anda, tira para tu habitación antes de que te meta una hostia-
-Papá ¡Te odio! ¡Vete a la mierda, gilipollas!-
-¡Repite eso!-
-¡Ya lo has oído!-
Me metí en mi habitación llorando. Al principio lloraba de rabia, estaba muy enfadada con mi padre, mucho. Pero por un momento me paré a pensar, en lo que seguramente sentía mi padre al darle esa contestación. Doce años compartiendo: juegos, secretos, risas, complicidad. Y ahora no quería fiarle nada, lo quería y a la vez lo odiaba, debido a sus continuas prohibiciones y restricciones.
Tal vez su objetivo no fuese incordiarme, sino más bien protegerme. Aunque en aquella etapa de mi vida identificaba amor paternal y sobreprotección con restricción y prohibición.
Y a su vez, eso significaba odio e ira contra mi padre. Esos sentimientos y ambientes tensos duraron mucho tiempo.
Lo peor fue que tantos rollitos que tuve, no me sirvieron para nada, por que no sentía placer, simplemente es que no sentía nada en absoluto. Fue entonces cuando me plantee una cuestión, que volvería a dar un giro en mi vida de trescientos sesenta grados.
Empecé a hacerme esa pregunta, por primera vez, a los quince años, cuando tuve mi primera relación sexual. Estaba con un chico, un sábado por la tarde en su casa, sus padres se habían ido, así que aprovechamos la ocasión. Fue extraño, pero empecé a sentirme agredida cuando empezó a besarme, a tocarme, a penetrarme sin ningún tipo de miramiento y tratándome como si fuese inferior, cuando en realidad tenía que ser todo lo contrario. Me sentí inferior, era como si me estuviesen pegando, en vez de demostrarme amor o darme placer sencillamente.
Y justo en el momento en que el chico, parecía llegar al orgasmo, me aparté diciendo que parase. El muchacho tenía una pinta ridícula con los pantalones bajados y con una cara, que parecía ser de incomprensión.
Sentí bastante dolor en esa relación, tal vez por que fuese la primera vez, pero no llegué a sentir nada de placer, ni si quiera con los besos. Después de esa desagradable experiencia, me duché y fui a ver a Rocío, mi mejor amiga, para explicarle los hechos:
-Eso seguramente haya sido el nerviosismo de la primera vez, no te preocupes Eva-dijo abrazándome y dándome repetidos besos en la mejilla.
Con ella, en ese momento, me sentí segura y querida. Estuve comparando y contrastando situaciones, hasta que me vi forzada a contar ovejitas del sueño que tenía. Acto seguido empecé a soñar el sueño más extraño de mi vida, que también influiría en ese cambio. Era mi primer sueño erótico, pero en vez de ser con un chico, fue con una chica, más concretamente con Rocío.
Soñaba que estábamos las dos, desnudas, en un sofá. Ella empezaba a besarme por todo el cuerpo, desde las piernas, pasando por los senos hasta llegar al cuello. Me tocaba y manoseaba con suavidad y dulzura. En ese sueño me sentía la reina, sentí el placer que no sentí durante mi primera relación sexual: empezó a lamerme el cuello, la oreja, los pezones, etc. Con cada beso sentía que una parte de mi se deshacía, sentía amor, una pasión ardiente que envolvía todo mi ser . Al despertarme del sueño, quedé confusa, extrañada, insegura, como el día en que me vino por primera vez la regla. No sabía que hacer.
Entonces empecé a romperme la cabeza, pensando en todo eso ¿Qué me pasaba? ¿Por qué con todos los chicos no me había sentido tan segura, como hasta ahora con Rocío?. Necesitaba aclararme, así que tomé una decisión, divertida para algunos tal vez, pero que para mí fue determinante. Fui al quiosco y compré la revista Health and Fitness y una interviú.
Al ver a todos esos hombres musculosos, no me paso nada, bueno, quizás sentí asco.
Luego probé con mis revistas del Vale y con la cantidad de hombres guapos, o tíos buenos como decían mis amigas, no sentía nada. Lo que me pareció preocupante fue al ver la portada de la interviú, mis ojos no pudieron evitar irse hacia la imagen en primera plana.
En cuanto vi a la mujer de la portada, me dediqué a observar todo: sus senos, sus caderas, sus ojos, el color de su piel, y ya si que empecé a sentir algo. Y fue llegar a las páginas finales, en la famosa sección de esta revista llamada Cuentos desnudos y probablemente, por lo que mas vende este trabajo periodístico, y empecé a sentir una ligera sensación de calor y cosquilleo provenientes de mi entrepierna. Inmediatamente, cerré bruscamente la revista, como si de una tortura se tratase. Ojalá mi madre tuviese explicación para esto.
fin del capitulo 1